El dinero negro se refiere a fondos o activos que no son totalmente legítimos en manos de su propietario. Esta categoría incluye el dinero obtenido mediante actividades ilegales, como el narcotráfico o el terrorismo, así como los ingresos procedentes de fuentes legales que se ocultan intencionadamente a las autoridades públicas para evitar el pago de impuestos. Dado que estos fondos suelen recibirse en efectivo a través de canales económicos subterráneos, permanecen sin registrar y sin tributar.
Para gestionar estos fondos, los receptores deben gastarlos dentro de la economía sumergida o intentar disfrazarlos como ingresos legítimos mediante el blanqueo de capitales. La existencia de una cantidad significativa de dinero negro en una economía suele fomentar la corrupción, ya que las empresas que operan en la sombra pueden necesitar sobornar a las fuerzas del orden o a funcionarios para mantener sus actividades ilícitas. Además, estas transacciones no registradas crean inexactitudes en los datos económicos nacionales, lo que puede obstaculizar una planificación y una formulación de políticas gubernamentales eficaces.
Un ejemplo práctico de dinero negro es una tienda minorista que acepta pagos en efectivo por bienes pero no emite recibos ni registra las ventas. Al mantener estas transacciones fuera de los libros contables, el propietario de la tienda evita pagar impuestos sobre esos ingresos. Del mismo modo, en una transacción inmobiliaria, un comprador podría declarar oficialmente solo una fracción del valor de la propiedad mientras paga el resto por debajo de la mesa. En ambos casos, el dinero se considera negro porque ha sido ocultado deliberadamente a las autoridades fiscales.