El Programa de Compra de Capital fue una iniciativa del gobierno de los Estados Unidos lanzada en 2008 como un componente clave del Programa de Alivio de Activos en Problemas (TARP, por sus siglas en inglés). Su objetivo principal era estabilizar el sistema financiero estadounidense durante la crisis económica mediante la inyección de capital en bancos e instituciones de ahorro viables. Al fortalecer las posiciones de capital de estas entidades financieras, el gobierno buscaba evitar una congelación total del crédito a empresas y consumidores.
Bajo este programa, el Departamento del Tesoro de los EE. UU. adquirió acciones preferentes sénior de las instituciones financieras participantes. Los bancos que decidieron participar debían vender acciones equivalentes a entre el uno y el tres por ciento de sus activos ponderados por riesgo. Estas acciones estaban diseñadas para pagar un dividendo anual del cinco por ciento durante los primeros cinco años, el cual aumentaría posteriormente al nueve por ciento. El programa también implicó la adquisición de warrants sobre acciones, lo que proporcionó al gobierno un potencial beneficio futuro a medida que las instituciones financieras se recuperaban.
Por ejemplo, un banco que cumpliera los requisitos recibiría una inyección directa de capital del Tesoro a cambio de acciones preferentes. Esta entrada de efectivo permitió a la institución mantener sus operaciones y seguir otorgando préstamos al público, lo cual fue esencial para la recuperación económica. Si bien el programa fue fundamental para evitar un colapso más profundo del sector bancario, finalmente concluyó a medida que el sistema financiero se estabilizó y las instituciones participantes reembolsaron las inversiones gubernamentales.