Los precios basados en la competencia son un enfoque estratégico en el que una empresa establece los precios de sus bienes o servicios principalmente mediante el análisis de los modelos de precios de sus competidores directos. En lugar de centrarse únicamente en los costes de producción internos o en el valor percibido por el cliente, el vendedor supervisa el mercado en general para determinar cómo posicionar sus propias ofertas y así capturar la cuota de mercado más rentable.
Para implementar esta estrategia, una empresa debe realizar primero una investigación exhaustiva para comprender su posición específica dentro del sector e identificar a su público objetivo. Al evaluar cómo fijan los rivales el precio de artículos similares, la empresa puede decidir si igualar esos precios, reducirlos para ganar volumen o mantener un nivel de precios superior haciendo hincapié en la fidelidad a la marca. El objetivo es encontrar un equilibrio sostenible entre los márgenes de beneficio y la presencia en el mercado.
Un ejemplo común de esta estrategia se observa en las cadenas de supermercados. Los minoristas ajustan con frecuencia los precios de artículos básicos como la leche, el pan y los productos frescos para seguir siendo competitivos frente a los rivales cercanos. Aunque estas tiendas pretenden atraer a los compradores mediante precios agresivos en productos esenciales, a menudo confían en el tráfico de clientes resultante para animarles a adquirir productos adicionales con mayores márgenes durante su visita.