El incumplimiento (o default) se refiere a la falta de un prestatario para cumplir con sus obligaciones legales de realizar los pagos de intereses o de capital requeridos sobre una deuda. Esta situación ocurre cuando un prestatario deja de realizar los pagos programados de préstamos o valores, y es aplicable a individuos, empresas e incluso naciones soberanas.
Cuando un prestatario entra en incumplimiento, esto señala una violación significativa del contrato de préstamo. Para los individuos, esto suele derivar en consecuencias graves, incluyendo daños en las calificaciones crediticias, la aplicación de cargos por penalización y la posible incautación de bienes personales utilizados como garantía. Estas marcas negativas suelen permanecer en un informe crediticio durante siete años, lo que puede limitar severamente la capacidad de obtener financiamiento en el futuro.
En la práctica, un incumplimiento ocurre siempre que se omite un pago programado. Por ejemplo, si el propietario de una vivienda no paga su hipoteca mensual o un consumidor deja de pagar la factura de su tarjeta de crédito, se encuentran en situación de incumplimiento. Mientras que las corporaciones y los individuos enfrentan repercusiones legales por estos fallos, los países que incurren en el incumplimiento de su deuda soberana enfrentan desafíos diferentes, tales como la devaluación de la moneda, la recesión económica y la exclusión de los mercados internacionales de deuda.