El gasto deficitario ocurre cuando los gastos totales de un gobierno superan los ingresos que recauda durante un período fiscal específico. Aunque esto puede aplicarse a individuos o empresas, el término se utiliza con mayor frecuencia para describir presupuestos nacionales en los que la recaudación fiscal y otras fuentes de ingresos no alcanzan para cubrir las obligaciones gubernamentales.
Esta práctica se emplea a menudo como una estrategia económica deliberada, arraigada en la teoría keynesiana, para estimular el crecimiento. Al pedir dinero prestado para financiar proyectos públicos, infraestructura o programas sociales, un gobierno busca inyectar demanda en la economía durante las recesiones. El objetivo es impulsar el empleo y la actividad del consumidor, creando teóricamente suficiente expansión económica para compensar eventualmente la deuda inicial.
En la práctica, este enfoque sigue siendo objeto de un intenso debate entre los economistas. Los críticos argumentan que una dependencia excesiva de la deuda puede conducir a una inestabilidad fiscal a largo plazo, lo que podría forzar futuros aumentos de impuestos o arriesgar el impago. Algunos teóricos también sugieren que si los ciudadanos anticipan impuestos más altos en el futuro para pagar la deuda actual, pueden optar por ahorrar su dinero en lugar de gastarlo, lo que puede neutralizar el efecto estimulante previsto del gasto público.