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Negligencia fiduciaria

La negligencia fiduciaria es una forma de mala praxis profesional que ocurre cuando una persona o entidad no cumple con las obligaciones y responsabilidades específicas que tiene para con un cliente. A un fiduciario se le confía legalmente la gestión de las cuentas o activos financieros de otra parte, y este rol le exige actuar siempre en el mejor interés de dicha parte. Cuando un fiduciario no cumple con estos estándares, puede ser considerado responsable de los daños resultantes.

Este tipo de negligencia a menudo se manifiesta como un comportamiento pasivo, como no tomar las medidas necesarias para prevenir o abordar acciones perjudiciales que afecten los activos de un cliente. Puede adoptar varias formas, incluyendo negligencia estándar, negligencia grave o declaración negligente. La negligencia grave implica un desprecio imprudente por la seguridad de los demás, mientras que la declaración negligente ocurre cuando se toman decisiones basadas en información preparada sin el cuidado razonable. Un fiduciario puede ser considerado responsable incluso si no se benefició personalmente de su falta de acción.

Para establecer una demanda, el demandante debe demostrar que las acciones o la inacción del fiduciario causaron directamente un daño financiero. Por ejemplo, si un asesor financiero no supervisa una cartera o ignora señales claras de mala gestión por parte de terceros, puede ser declarado negligente por no proteger los intereses del cliente. Las sanciones por tales incumplimientos generalmente implican una compensación monetaria para cubrir las pérdidas, aunque los casos graves pueden derivar en cargos penales.

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