Un grado día de calefacción es una medida utilizada para cuantificar la cantidad de energía necesaria para calentar un edificio. Se calcula determinando cuántos grados cae la temperatura exterior media de un día específico por debajo de una base de 65 grados Fahrenheit o 18 grados Celsius. Esta base representa el umbral de temperatura por debajo del cual la mayoría de los edificios requieren calefacción artificial para mantener un ambiente interior confortable.
Para calcular el valor de un solo día, primero se obtiene el promedio de las temperaturas máxima y mínima diarias. Si esta temperatura media está por debajo del umbral de 65 grados, se resta la media de 65 para obtener el total de grados día de calefacción de ese día. Si la temperatura media es de 65 grados o más, el valor es cero, lo que indica que no se espera una demanda significativa de calefacción para ese período.
Los inversores y analistas energéticos utilizan estas cifras para estimar los requisitos anuales de calefacción y ajustar las fluctuaciones en el consumo de energía relacionadas con el clima. Por ejemplo, si una región experimenta un invierno particularmente frío con un alto número acumulado de grados día de calefacción, las empresas de servicios públicos y los operadores de energía pueden anticipar una mayor demanda de combustibles para calefacción, como gas natural o gasóleo de calefacción, en comparación con una temporada más suave.