La fracturación hidráulica es una técnica industrial especializada utilizada para extraer petróleo y gas natural de formaciones rocosas profundas. Mediante la inyección de una mezcla a alta presión de agua, productos químicos y partículas sólidas en un pozo, el proceso crea o expande grietas en la roca densa, permitiendo que los recursos energéticos atrapados fluyan con mayor libertad hacia la superficie.
Para realizar esta operación, los ingenieros bombean la mezcla de fluidos en el pozo a presiones lo suficientemente altas como para fracturar la roca circundante. Una vez que la presión crea estas fisuras, las partículas sólidas, conocidas como apuntalantes, permanecen alojadas dentro de las grietas para mantenerlas abiertas. Este soporte estructural asegura que el petróleo o el gas puedan seguir migrando fuera de la formación y hacia el pozo para su recolección.
Este método se combina frecuentemente con la perforación horizontal para acceder a yacimientos no convencionales, como las formaciones de esquisto, que anteriormente se consideraban demasiado difíciles o costosas de explotar. Si bien la tecnología ha aumentado significativamente la producción de energía, sigue siendo objeto de un intenso debate debido a los riesgos ambientales, incluida la posible contaminación de las aguas subterráneas, las fugas de metano y la posibilidad de actividad sísmica inducida por la eliminación de aguas residuales.