La hipoteca (o pignoración) es un acuerdo financiero en el que un prestatario ofrece un activo como garantía para asegurar un préstamo, manteniendo al mismo tiempo la posesión y el uso de dicho activo. Aunque el prestatario sigue siendo el propietario legal, el prestamista posee un derecho condicional sobre el bien. Este derecho de garantía permite al prestamista embargar legalmente el activo si el prestatario incumple las obligaciones de pago especificadas en el contrato de préstamo.
En la práctica, este proceso funciona mediante el registro formal del derecho del prestamista sobre el activo. Por ejemplo, en la financiación de vehículos, el nombre del prestamista figura en el certificado de registro, lo que indica que el vehículo está hipotecado. Del mismo modo, en el sector inmobiliario, una hipoteca sirve como una forma de pignoración donde la propiedad actúa como garantía para el banco. En las cuentas de corretaje, los inversores también pueden utilizar valores como garantía para el comercio con margen.
Una vez que el préstamo se ha reembolsado en su totalidad, el prestatario debe tomar medidas para cancelar la hipoteca. Esto implica actualizar los registros oficiales para eliminar el nombre del prestamista, lo que confirma que este ya no tiene derechos sobre el activo. Por ejemplo, eliminar el nombre de un banco del certificado de registro de un vehículo restablece oficialmente al prestatario como único propietario, sin cargas ni gravámenes activos.