Un fideicomiso de infraestructura es un vehículo de inversión especializado creado para financiar, construir, poseer y operar instalaciones públicas esenciales. Estos fideicomisos funcionan de manera similar a los fondos mutuos o a los fideicomisos de inversión en bienes raíces (REIT, por sus siglas en inglés) al agrupar el capital de diversos inversores para gestionar proyectos a gran escala, tales como redes de comunicación, instalaciones portuarias y oleoductos. Al invertir en estos fideicomisos, los individuos obtienen exposición a los servicios críticos que sustentan la economía.
Estas entidades operan generando ingresos a través de la gestión y el mantenimiento de los activos de infraestructura que poseen. Los inversores adquieren participaciones en el fideicomiso y reciben distribuciones periódicas derivadas de los ingresos producidos por estas instalaciones subyacentes. Debido a que estos activos proporcionan servicios esenciales, a menudo generan flujos de efectivo constantes, que luego se transfieren a los titulares de las participaciones como pagos regulares.
Al evaluar estas inversiones, generalmente no se utilizan métricas tradicionales como las ganancias por acción o las relaciones precio-beneficio. En su lugar, los inversores se centran en los fondos procedentes de las operaciones (FFO) y los fondos ajustados procedentes de las operaciones (AFFO), los cuales tienen en cuenta los costos de mantenimiento continuo necesarios para mantener las instalaciones funcionales. Esta estructura permite a los inversores participar en la propiedad de grandes proyectos de infraestructura mientras buscan un flujo constante de ingresos para sus carteras.