Una cartera internacional es un conjunto de activos financieros, como acciones y valores, que se centra en mercados extranjeros en lugar de los del país de origen del inversor. Al asignar capital tanto a economías desarrolladas como emergentes, los inversores buscan obtener exposición a regiones que pueden estar creciendo a un ritmo más rápido que su mercado nacional.
Estas carteras funcionan distribuyendo el riesgo entre diferentes regiones geográficas y divisas. Si bien los mercados nacionales pueden experimentar recesiones, las ganancias en las tenencias internacionales pueden ayudar a suavizar los rendimientos generales. Los inversores a menudo gestionan los riesgos inherentes de la inversión extranjera, como la inestabilidad política o las fluctuaciones monetarias, equilibrando sus tenencias entre naciones industrializadas estables y mercados emergentes de mayor crecimiento.
Por ejemplo, un inversor podría dividir su capital equitativamente entre activos nacionales y extranjeros. Si la parte nacional de la cartera disminuye un 10 por ciento durante una caída del mercado, una ganancia del 20 por ciento en el segmento internacional podría compensar esas pérdidas, lo que resultaría en un rendimiento neto positivo. Esta estrategia permite a los inversores diversificar su exposición y beneficiarse potencialmente de los ciclos económicos globales.