En economía y finanzas, la tierra se refiere a un activo natural tangible que abarca todo lo que se encuentra sobre, debajo o por encima del suelo. Esto incluye no solo el terreno físico, sino también los recursos naturales como árboles, agua, petróleo y minerales. A diferencia de otros activos, la tierra es finita y su oferta total no puede incrementarse, lo que la convierte en un factor de producción único utilizado para crear bienes y servicios.
La tierra funciona como una fuente primaria de riqueza y una base para la actividad empresarial. Los propietarios pueden generar ingresos mediante el arrendamiento de la propiedad, la explotación de recursos naturales o el desarrollo del sitio para uso residencial, comercial o industrial. Debido a que es un bien físico que no se deprecia, sirve como un depósito de valor a largo plazo, aunque su utilidad suele estar sujeta a leyes de zonificación locales, restricciones de altura y supervisión regulatoria.
Por ejemplo, un inversor podría comprar un terreno para construir un almacén, facilitando así las operaciones comerciales y generando ingresos por alquiler. Alternativamente, un propietario podría otorgar derechos de perforación a una empresa energética a cambio de pagos si la propiedad contiene recursos subterráneos valiosos. El valor total de dichas tenencias suele ser determinado por tasadores profesionales en función de la ubicación, el uso potencial y las condiciones del mercado.