Una "lobster trap" o trampa de langosta es una estrategia corporativa defensiva utilizada por empresas más pequeñas para protegerse contra adquisiciones hostiles. Al incorporar disposiciones específicas en sus estatutos sociales, estas compañías pueden limitar eficazmente la influencia de inversores agresivos que buscan obtener el control mediante la acumulación de poder de voto.
Este mecanismo funciona mediante la aplicación de una norma que impide a los accionistas que poseen más del 10 por ciento de los valores convertibles de una empresa convertir dichos activos en acciones con derecho a voto. Dado que a estos inversores se les impide aumentar su participación con derecho a voto, no pueden obtener el apalancamiento necesario para forzar una adquisición. La estrategia abarca diversos instrumentos financieros, incluidos bonos convertibles, acciones preferentes, obligaciones y warrants.
Por ejemplo, si una gran corporación intenta adquirir una empresa más pequeña comprando cantidades significativas de deuda convertible, la empresa objetivo puede activar su disposición de trampa de langosta. Esta acción impide inmediatamente que el inversor depredador convierta esa deuda en acciones con derecho a voto, neutralizando así la amenaza a la independencia de la compañía. Esta táctica se utiliza a menudo junto con otras medidas defensivas, como las píldoras venenosas o los acuerdos con caballeros blancos.