El crédito fiscal para compradores de vivienda de larga duración fue un incentivo del impuesto federal sobre la renta diseñado para estimular el mercado inmobiliario durante la Gran Recesión. Se creó para alentar a los propietarios existentes a adquirir nuevas propiedades, aumentando así la demanda y ayudando a estabilizar la caída de los precios de la vivienda en todo el país. Este programa se asociaba a menudo con el crédito fiscal para compradores de primera vivienda, ya que ambas iniciativas compartían el objetivo de revitalizar el sector inmobiliario.
Para calificar para este crédito, una persona debía demostrar que había sido propietaria y ocupado su residencia principal anterior durante al menos cinco de los ocho años previos a la compra de su nueva vivienda. El crédito se calculaba como el 10 por ciento del precio de compra de la nueva propiedad, sujeto a límites máximos específicos que generalmente oscilaban entre 6,500 y 8,000 dólares. El programa requería que los participantes firmaran un contrato de venta vinculante antes del 30 de abril de 2010 y finalizaran la compra antes del 30 de junio de 2010.
Por ejemplo, un propietario que hubiera vivido en su residencia principal durante seis años podía solicitar este crédito al mudarse a una casa nueva. Si compraba una vivienda por 100,000 dólares, podría ser elegible para un crédito de 10,000 dólares, aunque el beneficio real estaba limitado a los máximos del programa. Si bien este crédito fiscal específico ya ha expirado, sigue siendo un ejemplo notable de intervención gubernamental utilizada para abordar importantes crisis económicas en el mercado inmobiliario.