Los siniestros y gastos de ajuste de siniestros se refieren al capital que una compañía de seguros designa como reserva para cubrir tanto las reclamaciones de seguros pendientes de pago como los costes administrativos asociados a la investigación y liquidación de dichas reclamaciones. Estas reservas se clasifican como pasivos en el balance de situación de la aseguradora, representando las obligaciones futuras estimadas que la compañía debe cumplir con sus asegurados.
Para gestionar estas obligaciones, las aseguradoras realizan un seguimiento tanto de los costes directos de las reclamaciones como de los gastos de ajuste de siniestros asignados. Estos gastos incluyen los honorarios pagados a profesionales externos, como mecánicos que evalúan los daños de los vehículos, investigadores que verifican las reclamaciones por lesiones o los costes de obtención de informes policiales oficiales. Al reservar estos fondos, la compañía garantiza que dispone de la liquidez necesaria para gestionar las reclamaciones a medida que se tramitan.
Al final de cada ejercicio fiscal, las aseguradoras calculan sus reservas netas tomando las reservas brutas y restando la parte cubierta por los reaseguradores. Esta cifra se ajusta además en función de factores como los gastos reales pagados, las adquisiciones y los efectos de la conversión de divisas. Este riguroso proceso contable permite a los reguladores supervisar la salud financiera de la aseguradora y garantiza que la compañía mantenga capital suficiente para cumplir sus compromisos a largo plazo con los asegurados.