La fabricación bajo pedido (Make-to-order) es una estrategia de producción en la que la elaboración de un artículo comienza únicamente tras la recepción de un pedido confirmado por parte del cliente. Este enfoque es un componente clave de la producción por tracción (pull-through), lo que permite a las empresas ofrecer características personalizadas que satisfacen requisitos específicos del consumidor en lugar de depender de inventario prefabricado.
Al esperar a recibir un pedido antes de iniciar la producción, las empresas pueden reducir significativamente el exceso de inventario y los residuos, alineándose con los principios de la manufactura esbelta (lean manufacturing) y la programación justo a tiempo (just-in-time). Si bien esta estrategia favorece la personalización masiva, requiere una gestión cuidadosa de los plazos de entrega, ya que todo el ciclo de producción debe realizarse una vez finalizada la compra. Para mantener la eficiencia, algunos fabricantes producen componentes intermedios por adelantado mientras personalizan el ensamblaje final.
Esta estrategia es frecuente en sectores como el automotriz, la construcción y el mobiliario, donde los compradores suelen seleccionar diseños o accesorios específicos. Por ejemplo, un fabricante de automóviles puede permitir que un cliente elija especificaciones únicas para su vehículo, las cuales se integran posteriormente en la cadena de producción. Este proceso fomenta la lealtad a la marca al entregar productos adaptados directamente al consumidor.