El riesgo de modelo es la posibilidad de sufrir pérdidas financieras o tomar decisiones erróneas derivadas del uso de modelos matemáticos inexactos o defectuosos. Se trata de una forma de riesgo operativo que ocurre cuando las herramientas utilizadas para valorar activos o pronosticar movimientos del mercado no funcionan según lo previsto debido a errores en su diseño, en los datos de entrada o en los supuestos subyacentes.
Estos riesgos suelen originarse por errores técnicos de programación, especificaciones incorrectas o una calibración inadecuada del modelo. Dado que diferentes métodos de estimación pueden arrojar previsiones de riesgo muy distintas para un mismo activo, la elección del modelo en sí se convierte en un factor determinante en el resultado. Factores como la iliquidez del mercado o las estructuras contractuales complejas pueden agravar estas imprecisiones, provocando una desconexión entre los resultados del modelo y la realidad del mercado.
Para mitigar estos peligros, las empresas suelen implementar programas rigurosos de gestión de modelos. Esto incluye establecer políticas de gobernanza estrictas, realizar revisiones independientes y llevar a cabo pruebas continuas de los modelos. Al asignar funciones y responsabilidades claras para el desarrollo y la supervisión, las organizaciones buscan identificar y corregir posibles errores antes de que deriven en consecuencias financieras significativas.