La venta en corto al descubierto es una práctica comercial en la que un inversor vende acciones sin haberlas poseído, tomado prestadas o asegurado el derecho a tomarlas prestadas previamente. A diferencia de la venta en corto tradicional, que requiere que el operador localice y tome prestado el activo antes de ejecutar la venta, la venta en corto al descubierto omite este paso por completo. Esto crea una situación en la que el vendedor está esencialmente vendiendo acciones que no existen en su cuenta en el momento de la transacción.
El proceso implica vender las acciones inexistentes y luego intentar comprarlas y entregarlas más tarde a precio de mercado. Si el precio de la acción cae, el operador espera comprar las acciones a un costo menor para cumplir con la obligación de entrega, embolsándose la diferencia como ganancia. Sin embargo, debido a que el operador no ha asegurado las acciones de antemano, enfrenta riesgos significativos, incluido el potencial de pérdidas ilimitadas si el precio de la acción sube drásticamente en lugar de caer.
Los reguladores, como la SEC, han implementado reglas estrictas para frenar esta práctica, ya que puede conducir a la manipulación del mercado y a una presión artificial a la baja sobre los precios de las acciones. Un ejemplo histórico notable a menudo asociado con esta práctica es el colapso de Lehman Brothers en 2008, donde se observó un aumento masivo en las acciones con fallos de entrega. Hoy en día, los requisitos de transparencia y regulaciones como la Regulation SHO tienen como objetivo rastrear y prevenir estas actividades para mantener la integridad del mercado.