La plutocracia es una forma de gobierno o sistema social en el que el poder está en manos exclusivamente de los ricos. El término proviene de las palabras griegas para riqueza y poder, y describe una estructura donde la opulencia económica sirve como el requisito principal para ejercer la autoridad política. En dicho sistema, los intereses de la élite a menudo prevalecen sobre las necesidades de la población general.
Este sistema no siempre funciona a través de reglas formales o explícitas. Con frecuencia surge de manera informal mediante marcos regulatorios, medidas legales o barreras educativas que limitan la participación política a aquellos con recursos financieros significativos. Al restringir el acceso a la influencia, el sistema se vuelve autorreforzante, ya que quienes están en el poder crean políticas que protegen y expanden aún más su propia posición económica.
Un ejemplo histórico de esta dinámica es el Imperio Romano, donde una aristocracia adinerada tenía el poder de elegir funcionarios y dictar políticas. En contextos modernos, los críticos argumentan que cuando las élites económicas y los intereses empresariales ejercen una influencia independiente sustancial sobre las decisiones gubernamentales, el Estado funciona efectivamente como una plutocracia en lugar de una democracia, lo que conduce a políticas que favorecen a los sectores acomodados.