La preservación del capital es una estrategia de inversión conservadora centrada en proteger el importe principal original de una cartera de inversión. El objetivo principal es minimizar el riesgo de pérdida en lugar de buscar un crecimiento agresivo o altos rendimientos. Este enfoque suele ser preferido por inversores con aversión al riesgo que priorizan la seguridad de sus fondos sobre las posibles ganancias.
Para implementar esta estrategia, los inversores asignan su dinero a instrumentos financieros de bajo riesgo y corto plazo. Ejemplos comunes incluyen letras del Tesoro y certificados de depósito, que a menudo están asegurados por la Corporación Federal de Seguro de Depósitos (FDIC, por sus siglas en inglés) hasta límites específicos. Debido a que estos activos se consideran muy seguros, generalmente ofrecen rendimientos menores en comparación con inversiones orientadas al crecimiento, como las acciones.
Un desafío importante de esta estrategia es el impacto de la inflación a lo largo del tiempo. Dado que los rendimientos de los activos seguros suelen ser bajos, el poder adquisitivo del capital invertido puede disminuir si las tasas de inflación superan los rendimientos de la inversión. En consecuencia, aunque el valor nominal de la cartera se mantenga estable, el valor real puede disminuir durante períodos prolongados de aumento de precios.