La discriminación de precios es una estrategia de venta en la que una empresa cobra precios diferentes por el mismo producto o servicio a distintos consumidores. Esta práctica permite a las empresas capturar un mayor excedente del consumidor y maximizar sus beneficios totales al ajustar los precios según la disposición o capacidad de pago del cliente. Es una estrategia común utilizada en diversos sectores, incluidos el transporte aéreo, la industria farmacéutica y el entretenimiento.
La estrategia funciona segmentando el mercado en grupos o niveles. La discriminación de primer grado implica cobrar el precio máximo que cada individuo está dispuesto a pagar. La discriminación de segundo grado aplica descuentos por compras al por mayor o mayores cantidades. La discriminación de tercer grado, la forma más común, establece precios diferentes para grupos demográficos específicos, como ofrecer precios de entradas más bajos para personas mayores o niños en comparación con los adultos.
Para que esta estrategia sea efectiva, las empresas deben asegurarse de que los diferentes segmentos del mercado permanezcan separados. Si una empresa no impide que los consumidores compren a un precio más bajo y revendan a otros a un precio más alto, la estrategia puede fracasar. Aunque pueda parecer injusta, esta práctica es generalmente legal y, en ocasiones, puede resultar en precios más bajos para ciertos grupos en comparación con un modelo estándar de precio único.