Un certificado de custodia es un documento legal formal que verifica la titularidad efectiva de un inversor sobre valores que están siendo mantenidos por una institución externa. Este documento sirve como prueba de que, aunque los activos puedan ser almacenados o gestionados por un custodio, los derechos reales y la propiedad de dichos activos pertenecen al inversor.
Estos certificados funcionan estableciendo un registro claro de propiedad dentro de una relación de custodia. Cuando un inversor utiliza una firma de corretaje o un intermediario financiero para comprar y almacenar activos, la institución actúa como custodio. El certificado proporciona al inversor documentación que confirma su participación en los valores, incluso cuando dichos activos se mantienen a nombre de la firma o dentro de una cuenta de custodia específica.
En un escenario práctico, un inversor minorista que compra acciones a través de una firma de corretaje a menudo tiene sus acciones registradas a nombre de la firma (street name), lo que significa que la firma es el titular registrado. El certificado de custodia actúa como la evidencia subyacente de la reclamación legal del inversor sobre esas acciones. Esto garantiza que el inversor conserve todos los derechos de propiedad, como el voto o los dividendos, mientras la firma de corretaje gestiona el almacenamiento técnico y los requisitos administrativos de los valores.