El "sandbagging" es una práctica engañosa en la que un individuo o una empresa minimiza intencionadamente sus verdaderas capacidades, fortalezas o expectativas de rendimiento. Al establecer objetivos artificialmente bajos u ocultar su nivel real de habilidad, la parte involucrada busca crear un escenario en el que pueda superar fácilmente las expectativas u obtener una ventaja injusta sobre sus competidores o inversores.
En el mundo corporativo, esto se manifiesta a menudo cuando la dirección emite previsiones de beneficios conservadoras que son significativamente inferiores a lo que esperan alcanzar de forma realista. Al proyectar resultados modestos, a la empresa le resulta más fácil informar de sorpresas positivas más adelante. Esta estrategia tiene como objetivo hacer que la empresa parezca superar sus propios objetivos, lo que puede influir en la percepción del mercado y potencialmente impulsar el precio de las acciones cuando se revelan los resultados reales, que son superiores.
Aunque no es ilegal, el "sandbagging" se considera ampliamente una táctica poco ética. Con el tiempo, a menudo conduce a rendimientos decrecientes a medida que los analistas e inversores se acostumbran al patrón y comienzan a ajustar sus valoraciones en consecuencia. Cuando el mercado anticipa este comportamiento, el impacto previsto de la sorpresa positiva se neutraliza y la empresa puede perder credibilidad ante sus grupos de interés por intentar manipular las expectativas.