La titulización es un proceso financiero que consiste en agrupar diversos tipos de deuda o activos generadores de flujo de caja para integrarlos en un único producto de inversión negociable. Al agregar estas obligaciones individuales, las instituciones financieras pueden transformar activos ilíquidos en valores comercializables que pueden venderse a los inversores.
Este proceso funciona tomando instrumentos financieros similares, como hipotecas, deudas de tarjetas de crédito u otras obligaciones crediticias, y combinando sus flujos de caja. Una vez agrupados estos activos, se reempaquetan en bonos u otros productos financieros estructurados. Esto permite a los prestamistas originales retirar estas deudas de sus balances, transfiriendo efectivamente el riesgo a los inversores que adquieren los nuevos valores.
Por ejemplo, un banco podría tomar miles de hipotecas residenciales individuales y agruparlas en una obligación hipotecaria colateralizada. Los inversores compran entonces estos bonos, recibiendo pagos derivados de los intereses y el capital recaudado de los propietarios subyacentes. Este mecanismo permite que el capital fluya de manera más eficiente a través del sistema financiero, apoyando desde el crédito al consumo hasta la gestión de la deuda nacional.