En finanzas, la sensibilidad se refiere al grado en que el precio o el valor de un instrumento de mercado reacciona ante las fluctuaciones de factores externos subyacentes. Mide cómo responde un activo a los cambios en variables como los tipos de interés, la inflación o el crecimiento económico. Al evaluar estas relaciones, los inversores pueden comprender mejor cómo determinados factores pueden influir positiva o negativamente en sus posiciones.
Para analizar estos impactos, los profesionales utilizan el análisis de sensibilidad con el fin de determinar cómo afectan diferentes valores de una variable independiente a una variable dependiente bajo supuestos específicos. Este proceso implica establecer criterios de éxito, definir un rango de movimiento potencial para las variables y establecer umbrales mínimos y máximos. Estos modelos permiten a los analistas ejecutar escenarios hipotéticos para evaluar los resultados potenciales antes de que ocurran.
Por ejemplo, las inversiones de renta fija son altamente sensibles a los cambios en los tipos de interés. La sensibilidad del precio de un bono se mide a menudo mediante su duración, que rastrea cuánto se mueve el precio cuando los tipos varían. Además, los inversores pueden observar la convexidad para comprender cómo cambia esa misma duración a medida que fluctúan los tipos. Del mismo modo, una empresa puede realizar un análisis de sensibilidad para ver cómo un cambio en el precio de un producto afecta a sus ingresos totales.