El efecto septiembre describe una anomalía de mercado en la que los rendimientos bursátiles han sido históricamente más débiles durante el mes de septiembre en comparación con otras épocas del año. Durante el último siglo, los datos han mostrado que septiembre suele registrar el rendimiento promedio más bajo para los principales índices, como el S&P 500. Este fenómeno se clasifica como una anomalía basada en el calendario, ya que carece de una relación causal clara o de un evento económico específico que explique la tendencia.
En la práctica, el efecto funciona como una observación estadística más que como una herramienta predictiva fiable. Aunque el rendimiento promedio a largo plazo para el mes ha sido negativo, esto no significa que las acciones caigan todos los años. En muchos casos, septiembre ha sido, de hecho, uno de los meses con mejor desempeño para los inversores. Debido a que la ocurrencia no es consistente y a menudo depende de ventanas históricas específicas, la mayoría de los profesionales del mercado lo consideran una peculiaridad en los datos en lugar de una regla fundamental de las finanzas.
Para entender cómo funciona, considere que, desde 1928, las acciones solo han caído en septiembre aproximadamente el 55 por ciento de las veces. Esto indica que la probabilidad de un rendimiento negativo es solo ligeramente superior a lanzar una moneda al aire. Dado que el rendimiento mediano para el mes ha sido ocasionalmente positivo en años recientes, generalmente se advierte a los inversores que no utilicen esta teoría para realizar ajustes significativos en sus carteras o tomar decisiones de sincronización de mercado.