Una cobertura corta es una estrategia de inversión diseñada para protegerse contra el riesgo de una caída en los precios de los activos en el futuro. Es utilizada principalmente por productores o propietarios de un activo que desean mitigar posibles pérdidas asegurando un precio de venta específico hoy. Al tomar una posición corta, el inversor garantiza que las fluctuaciones futuras del mercado no afecten negativamente a sus resultados financieros.
Para implementar esta estrategia, una entidad suele vender un contrato de derivados, como un contrato de futuros o a plazo, sobre el activo que posee o produce actualmente. Esto crea una posición corta que actúa como contrapeso a sus tenencias físicas. Si el precio de mercado del activo cae antes de que se venda el producto, la ganancia obtenida de la posición corta ayuda a compensar la pérdida de valor de los bienes físicos.
Por ejemplo, un productor de petróleo podría vender contratos de futuros para fijar un precio para su inventario. Si el precio de mercado del petróleo cae para cuando entregan el producto a un cliente, la ganancia obtenida al cerrar la posición corta compensa los menores ingresos recibidos por la venta física. Esto permite al productor estabilizar sus ingresos independientemente de la volatilidad del mercado.