Una venta en corto (short sale) es una transacción inmobiliaria en la que el propietario vende su inmueble por un importe inferior al saldo total pendiente de su hipoteca. Este proceso requiere la aprobación explícita del prestamista o titular del gravamen, quien acepta recibir los ingresos de la venta como liquidación total o parcial de la deuda. Es una estrategia utilizada frecuentemente por propietarios que tienen una hipoteca con saldo negativo (underwater) o que tienen dificultades para cumplir con los pagos, como una alternativa para evitar el proceso formal de ejecución hipotecaria.
Para iniciar una venta en corto, el propietario debe demostrar dificultades financieras ante su prestamista. Dado que el prestamista acepta asumir una pérdida en el préstamo, debe revisar y aprobar los términos de la venta antes de que esta pueda proceder. Aunque el propietario sigue siendo el vendedor oficial de la propiedad, el prestamista ejerce un control significativo sobre la transacción y debe verificar que el precio de venta sea aceptable según el valor de mercado actual de la vivienda.
Por ejemplo, si un propietario debe 150,000 dólares de su hipoteca pero la vivienda solo tiene un valor de 130,000 dólares, puede solicitar una venta en corto. Si el prestamista acepta este precio, la vivienda se vende a un comprador por 130,000 dólares. Aunque esto ayuda al propietario a evitar el grave daño crediticio asociado a una ejecución hipotecaria, debe tener en cuenta que, dependiendo del acuerdo específico, el prestamista a veces puede exigir al prestatario el reembolso de la diferencia de 20,000 dólares.