Una cláusula de exclusión, conocida en inglés como "shotgun clause", es una disposición específica incluida en un acuerdo de socios o accionistas que sirve tanto como herramienta de resolución de disputas como mecanismo de fijación de precios. Está diseñada para obligar a un socio a comprar la participación del socio oferente o a vender su propia participación en el negocio. Al crear un ultimátum claro, tiene como objetivo resolver los bloqueos entre propietarios que ya no pueden trabajar juntos de manera efectiva.
En la práctica, el proceso comienza cuando un socio hace una oferta para comprar las acciones del otro a un precio determinado. Una vez realizada esta oferta, el destinatario se enfrenta a una elección binaria: debe aceptar la oferta y vender su participación a ese precio, o comprar las acciones del socio oferente a esa misma valoración. Este mecanismo pretende garantizar la equidad, ya que la persona que fija el precio debe estar preparada para comprar o vender por esa cantidad.
Esta herramienta es más eficaz cuando ambas partes poseen recursos financieros similares y acceso a la información. Si existe un desequilibrio de poder significativo o si la valoración del negocio es subjetiva, la cláusula puede dar lugar a resultados injustos o a un intenso conflicto emocional. Debido a que funciona como un ultimátum repentino, a menudo se considera una estrategia de alto riesgo que puede dañar permanentemente las relaciones personales entre los socios comerciales.