La brecha estática es una métrica financiera utilizada para medir la exposición o sensibilidad de una institución a las fluctuaciones de los tipos de interés. Se calcula determinando la diferencia entre el valor total de los activos y los pasivos que comparten períodos de reajuste comparables. Este análisis se aplica normalmente a plazos inferiores a un año para evaluar cómo los cambios en los tipos de interés podrían afectar al balance en un momento determinado.
En la práctica, este método es utilizado frecuentemente por los bancos para gestionar su margen neto de intereses. Un banco opera tomando fondos prestados a un tipo de interés específico y prestando esos fondos a un tipo más alto. La brecha estática representa la diferencia entre estas dos posiciones. Al monitorear esta brecha, las instituciones financieras pueden medir su vulnerabilidad a los cambios del mercado, aunque el análisis es limitado porque no tiene en cuenta los flujos de caja intermedios, los pagos anticipados de préstamos ni los vencimientos promedio.
Por ejemplo, si un banco posee más activos sensibles a los tipos de interés que pasivos dentro de un plazo específico, se considera que tiene una brecha positiva. Por el contrario, si los pasivos superan a los activos en ese mismo período, la brecha es negativa. Debido a que el análisis de la brecha estática se centra en una instantánea del balance, proporciona una visión simplificada que excluye las complejidades de los cambios financieros continuos que ocurren a lo largo del tiempo.