La banca universal es un sistema financiero en el que una sola institución ofrece una gama integral de servicios a sus clientes. Estas instituciones combinan la banca comercial tradicional, como la gestión de depósitos y la emisión de préstamos, con actividades de banca de inversión como la suscripción de valores, la negociación de activos y el análisis financiero bajo un mismo techo.
En la práctica, estos bancos operan integrando diversas funciones financieras en una sola entidad. Aunque tienen la autoridad legal para ofrecer una amplia variedad de servicios, no están obligados a proporcionar todos y cada uno de ellos. Muchos bancos universales optan por especializarse en áreas específicas mientras mantienen la infraestructura necesaria para satisfacer necesidades financieras más amplias tanto de clientes privados como institucionales.
Por ejemplo, una gran institución financiera podría ofrecer a un cliente minorista una cuenta de ahorros estándar y, simultáneamente, proporcionar servicios complejos de asesoramiento de inversiones y gestión de activos a un cliente corporativo. Este modelo permite a los bancos diversificar sus fuentes de ingresos y perfiles de riesgo, aunque los críticos argumentan que dicha consolidación puede introducir, en ocasiones, riesgos sistémicos en comparación con estructuras bancarias más especializadas.