La beta desapalancada, también conocida como beta de activos, es una métrica financiera que mide el riesgo de mercado de una empresa al aislar el riesgo asociado exclusivamente a sus activos. Mientras que la beta estándar, o beta apalancada, refleja la volatilidad de una firma incluyendo los efectos de su deuda, la beta desapalancada elimina estas influencias financieras. Al eliminar el impacto de la estructura de capital de una empresa, proporciona una visión más clara del perfil de riesgo inherente a las operaciones comerciales en sí mismas.
Para calcular esta métrica, los analistas toman la beta apalancada y la ajustan utilizando la relación deuda-capital de la empresa y la tasa impositiva corporativa. Este proceso neutraliza eficazmente los efectos beneficiosos o perjudiciales que la financiación mediante deuda añade a la volatilidad de una acción. Dado que la deuda suele aumentar el perfil de riesgo del capital, la beta desapalancada es casi siempre igual o inferior a la beta apalancada, a menos que una empresa mantenga importantes reservas de efectivo que generen un componente de deuda negativo.
Como ejemplo práctico, considere una empresa con una beta apalancada de 0,73, una relación deuda-capital de 2,2 y una tasa impositiva del 35 por ciento. Al aplicar la fórmula estándar, la beta desapalancada se calcula como 0,73 dividido por la suma de uno más el producto de 0,65 y 2,2, lo que resulta en una beta desapalancada de 0,30. Los inversores utilizan esta cifra para comparar el riesgo subyacente de diferentes empresas de manera equitativa, independientemente de la cantidad de deuda que tenga cada firma.