La gestión de patrimonio es un servicio especializado de asesoramiento de inversiones diseñado para satisfacer las necesidades financieras complejas de clientes con un alto nivel adquisitivo. En lugar de centrarse en un único producto financiero, ofrece un enfoque integral y consultivo que integra diversos servicios en una estrategia única y coherente, adaptada a los objetivos específicos y a la situación vital de cada individuo.
Para implementar esta estrategia, un gestor de patrimonio coordina una amplia gama de servicios, que incluyen asesoramiento en inversiones, planificación sucesoria, servicios fiscales, planificación de la jubilación y contabilidad. En muchos casos, el gestor actúa como un centro neurálgico, colaborando con expertos externos, como abogados o contables, para garantizar que todos los aspectos de la vida financiera del cliente estén alineados. Las comisiones por estos servicios suelen estructurarse en función del total de activos bajo gestión.
Por ejemplo, una persona con un alto patrimonio neto podría contratar a un gestor de patrimonio para supervisar su cartera de inversiones y, al mismo tiempo, coordinar sus objetivos filantrópicos y su planificación sucesoria a largo plazo. Al consolidar estas diversas necesidades bajo un mismo profesional, el cliente recibe una hoja de ruta personalizada que aborda su panorama financiero completo en lugar de limitarse a decisiones de inversión aisladas.