Un límite de piso cero es una política de procesamiento de pagos que exige a los comercios obtener autorización para cada transacción, independientemente del importe de la compra. A diferencia de los sistemas tradicionales que solo verifican las transacciones que superan un umbral monetario específico, esta política garantiza que cada pago se contraste con los registros del emisor antes de ser aprobado.
Este proceso funciona aprovechando redes de pago computarizadas modernas de alta velocidad que pueden validar transacciones casi instantáneamente. Al eliminar el importe mínimo requerido para la autorización, la política evita que los cargos pequeños no autorizados pasen desapercibidos. Si bien los comercios a menudo tienen discreción sobre sus propias políticas, los emisores de tarjetas de crédito pueden exigir estos límites para mitigar los riesgos de seguridad, y los comercios que no cumplan pueden enfrentar sanciones.
En la práctica, este enfoque es altamente eficaz para prevenir el fraude, particularmente en transacciones en línea o sin contacto donde la tarjeta física no está presente. Por ejemplo, si un ladrón roba la información de una tarjeta de crédito, podría intentar realizar varias compras pequeñas de bajo valor para evitar activar alertas de seguridad. Si un comercio aplica un límite de piso cero, cada uno de esos intentos pequeños requeriría autorización inmediata, lo que permitiría al emisor de la tarjeta identificar y bloquear la actividad fraudulenta antes de que escale.